Entrevistamos a Laura Castillo Alonso, jefa de almacén en el centro El Viso de Dunamar SAT, empresa adherida al Certificado MujerAGRO
La compañía impulsa buenas prácticas orientadas a fomentar la igualdad de género en sus instalaciones, programas y políticas laborales. Laura ocupa un puesto de responsabilidad que merece ser visibilizado, en reconocimiento a todas las mujeres que han apostado por el sector agroalimentario y como inspiración para aquellas que aún están pensando en dar el paso.
Por Julia Álvarez García, periodista
Laura, actualmente eres Jefa de Almacén en Dunamar SAT. ¿Cómo ha sido tu trayectoria profesional hasta llegar a este puesto y qué obstáculos o aprendizajes han marcado tu camino dentro del sector agroalimentario?
Mi trayectoria profesional ha sido un proceso de crecimiento progresivo dentro del sector agroalimentario. Comencé en puestos operativos dentro del área de almacén y logística, donde aprendí desde la base el funcionamiento de la cadena de suministro, el control de stock, la preparación de pedidos y la importancia de la trazabilidad en productos frescos.
Con el tiempo, fui asumiendo mayores responsabilidades, coordinando equipos y participando en la planificación logística. Esto me permitió desarrollar habilidades de liderazgo, organización y toma de decisiones. Llegar al puesto de jefa de Almacén en Dunamar SAT ha sido el resultado de constancia, aprendizaje continuo y compromiso con la mejora de los procesos.
Uno de los principales retos ha sido la alta exigencia del sector agroalimentario: trabajamos con productos perecederos, campañas estacionales y plazos muy ajustados. Esto requiere una gran capacidad de adaptación y resolución rápida de imprevistos. También ha supuesto un desafio gestionar equipos en momentos de alta presión, pero ha sido un importante aprendizaje: entender que la comunicación clara, la planificación y el trabajo en equipo son clave para que todo funcione.
Sin duda, el mayor aprendizaje ha sido que en este sector no solo se gestionan productos, sino también personas y tiempos críticos.
La organización, la anticipación y el liderazgo cercano marcan la diferencia en el día a día.
Desde tu experiencia, ¿cómo ha evolucionado la presencia y el reconocimiento de la mujer en el sector rural en los últimos años? ¿Percibes un antes y un después en términos de oportunidades y responsabilidad?
Desde mi experiencia, la presencia y el reconocimiento de la mujer en el sector rural han evolucionado de forma muy positiva en los últimos años. Tradicionalmente, el trabajo de la mujer en el ámbito agroalimentario ha estado presente, pero muchas veces era menos visible o no se reconocía formalmente en puestos de responsabilidad.
Hoy en día percibo un cambio claro. Cada vez hay más mujeres ocupando cargos técnicos, de gestión y dirección, y participando activamente en la toma de decisiones. También existe una mayor concienciación sobre la importancia de la igualdad de oportunidades y el valor que aporta el liderazgo femenino en el sector.
Sí considero que hay un antes y un después, especialmente en términos de oportunidades y responsabilidad. Se han abierto más puertas, tanto en formación como en acceso a puestos de mayor responsabilidad. No obstante, todavía queda camino por recorrer, sobre todo en determinadas áreas más tradicionalmente masculinizadas.
En mi opinión, el avance ha sido fruto del esfuerzo de muchas mujeres que han demostrado su capacidad y profesionalidad, y también de una evolución social que apuesta por la igualdad y la profesionalización del sector rural.
Hoy el talento pesa más que el género, y eso es un paso muy importante.
Dunamar SAT cuenta con el Certificado por la Igualdad MujerAGRO. ¿Cómo se traduce ese compromiso en el día a día de la empresa? ¿Qué medidas o dinámicas internas destacarías que favorecen la igualdad real?
Contar con el Certificado por la Igualdad MujerAGRO no es solo un reconocimiento externo, sino un compromiso real que se refleja en el día a día de la empresa. En Dunamar SAT la igualdad no se entiende como una declaración formal, sino como una práctica integrada en la cultura organizativa.
Este compromiso se traduce, por ejemplo, en procesos de selección basados en la capacidad y la experiencia, garantizando la igualdad de oportunidades en el acceso a puestos de responsabilidad. También se promueve la formación continua para todo el equipo, facilitando el desarrollo profesional sin distinción de género.
Destacaría especialmente el fomento de un entorno de trabajo respetuoso, con comunicación abierta y tolerancia cero ante cualquier situación de discriminación. Además, se impulsa la conciliación y la flexibilidad dentro de las posibilidades del sector, algo fundamental en un entorno como el agroalimentario, donde los ritmos pueden ser exigentes.
En definitiva, el certificado respalda una forma de trabajar donde el talento, el compromiso y el esfuerzo son los verdaderos criterios de valoración, y donde la igualdad forma parte de la gestión diaria, no solo de la imagen corporativa.
Como mujer en un puesto de responsabilidad dentro de un ámbito como el almacén, tradicionalmente masculinizado, ¿Cómo ha sido tu experiencia liderando equipos? ¿Crees que el liderazgo femenino aporta nuevas perspectivas al sector?
Mi experiencia liderando equipos en un ámbito como el almacén, que tradicionalmente ha estado más masculinizado, ha sido muy enriquecedora. Al principio puede existir cierta percepción o prejuicio, pero con el tiempo el trabajo diario, la coherencia en las decisiones y el respeto mutuo son los que realmente consolidan el liderazgo.
En mi caso, he apostado siempre por un liderazgo cercano, basado en la comunicación clara, la organización y el ejemplo. En un entorno como el almacén, donde los tiempos son ajustados y la coordinación es clave, es fundamental generar confianza en el equipo y mantener un ambiente de colaboración. Cuando el equipo entiende que las decisiones buscan el bien común y la eficiencia del trabajo, el género pasa a un segundo plano.
Sí creo que el liderazgo femenino puede aportar nuevas perspectivas al sector. No se trata de que sea mejor o peor, sino diferente en algunos enfoques: mayor atención a la comunicación, a la gestión emocional del equipo, a la planificación y al detalle. Esa diversidad en la forma de dirigir enriquece a las organizaciones y mejora los resultados.
En definitiva, el liderazgo no depende del género, sino de la capacidad, la responsabilidad, el respeto y la forma de gestionar a las personas.
Y cada vez más el sector agroalimentario está entendiendo y valorando esa diversidad como una fortaleza.
A pesar de los avances, ¿Qué crees que sigue haciendo falta para lograr una integración plena de la mujer en el medio rural y en el sector agroalimentario? ¿Qué mensaje enviarías a las jóvenes que quieren desarrollar su carrera en este ámbito?
A pesar de los avances que hemos logrado en los últimos años, todavía es necesario seguir trabajando en varios aspectos para alcanzar una integración plena de la mujer en el medio rural y en el sector agroalimentario. Es fundamental continuar fomentando la igualdad real de oportunidades, no solo en el acceso al empleo, sino también en la promoción a puestos de responsabilidad y en la visibilidad del trabajo femenino dentro del sector.
También considero importante reforzar la formación, el emprendimiento femenino y las redes de apoyo en el entorno rural. Muchas veces el talento está ahí, pero necesita impulso, referentes y confianza. Además, seguir avanzando en medidas de conciliación y corresponsabilidad ayudará a que más mujeres puedan desarrollar su carrera sin tener que renunciar a otras facetas de su vida.
A las jóvenes que quieren desarrollar su carrera en este ámbito les diría que el sector agroalimentario ofrece grandes oportunidades de crecimiento y que es un sector moderno, en constante evolución y cada vez más profesionalizado. Que no se dejen limitar por estereotipos y que confíen en su preparación, su capacidad y su criterio. El medio rural necesita talento, innovación y nuevas perspectivas, y ellas pueden ser protagonistas de ese cambio.
El futuro del sector pasa por la diversidad, la profesionalización y el compromiso, y las mujeres tienen un papel clave en esa transformación.


