Remedios Ruso no tenía referentes cuando empezó en el sector pesquero. Hoy, más de tres décadas después, preside la Asociación de Armadores de Santa Pola y forma parte de una generación de mujeres que han ido ganando espacio en un ámbito donde, durante años, su presencia apenas se veía.
Su trayectoria permite entender cómo ha cambiado el papel de la mujer en la pesca, pero también qué barreras siguen existiendo. Una historia que conecta con el objetivo del Año Internacional de la Mujer Agricultora 2026: dar visibilidad a quienes sostienen, también desde el mar, la cadena alimentaria.
Por Julia Álvarez García, periodista
Con más de tres décadas vinculada al sector y más de diez años al frente de la Asociación de Armadores de Santa Pola, Ruso ha vivido en primera persona esa evolución. “Cuando empecé, la presencia de mujeres en reuniones era prácticamente nula. Ahora ya asisten algunas”, explica. Su propia trayectoria es un reflejo de ese cambio.
En su caso, fue elegida presidenta en un proceso en el que competía con un candidato hombre. “Lo curioso es que fueron hombres los que me votaron mayoritariamente”, recuerda. Desde entonces, continúa al frente de la Asociación, en un cargo que además no está remunerado, algo que evidencia el grado de implicación personal que requiere este tipo de responsabilidades dentro del sector.
Un cambio lento, pero constante
A pesar de los avances, la presencia femenina sigue siendo limitada en determinados espacios de decisión.“En nuestra Asociación ya hay mujeres en la Junta Directiva, pero en las cofradías de pescadores la presencia femenina sigue siendo muy baja”, señala.
En paralelo, la creación en 2016 de ANMUPESCA (Asociación Nacional de Mujeres de la Pesca) ha contribuido a dar visibilidad y abrir nuevas oportunidades. “Nos ha permitido estar en más reuniones, participar en mesas de trabajo y que se tenga en cuenta nuestra opinión”, explica. Un avance que, como insiste, se está produciendo “poco a poco, pero sin pausa”.
Más allá de la imagen del sector
Es una realidad que cuando se habla de trabajar en el mar, la percepción sigue siendo, en muchos casos, la de un oficio duro y poco atractivo. “Se piensa en un trabajo penoso, arriesgado y con poca compensación económica”, señala. Sin embargo, la realidad ha cambiado en los últimos años. “Hoy los barcos tienen mucha tecnología y los trabajadores cuentan con condiciones más dignas, incluso con la posibilidad de jubilarse antes”, explica.
Aun así, Remedios reconoce que existen limitaciones importantes, muchas de ellas derivadas de la normativa. “La burocracia nos impide mejorar aspectos básicos como la comodidad en los barcos”.
El papel que no siempre se ve
Aunque la presencia de mujeres en el mar sigue siendo menor, su papel en el sector es fundamental, especialmente en la gestión. “Muchas de las armadoras son mujeres y son ellas las que llevan toda la parte administrativa. Sin ese trabajo, los barcos no podrían salir a faenar”, explica. También es destacable su aportación en la toma de decisiones. “Tenemos otra forma de ver las cosas, estamos acostumbradas a gestionar varias tareas a la vez y a dar soluciones rápidas”, afirma.
En este sentido, uno de los cambios más significativos ha sido la pérdida de oficios tradicionalmente femeninos, como el de redera. “Antes muchas mujeres se dedicaban a confeccionar redes, pero con la llegada de la maquinaria ese trabajo se ha ido perdiendo”, señala. Hoy, sin embargo, el sector vuelve a necesitar estos perfiles. “Cada barco necesita al menos una redera o redero, y no hay. Es un oficio que no debería desaparecer”, advierte.
Conciliación y relevo generacional
Entre los principales retos para el futuro del sector, Ruso destaca la conciliación.
“Las mujeres llevamos muchas tareas a la vez, y es necesario que desde las administraciones se facilite compatibilizar la vida laboral y familiar”, señala. También insiste en la necesidad de hacer el sector más atractivo. “Es un oficio bonito, cada día es diferente, pero hay muchos impedimentos que hacen que la gente no quiera dedicarse a esto”, explica.
En un contexto en el que la pesca suele aparecer en los medios solo en momentos de crisis, Ruso considera fundamental cambiar esa percepción. Porque, como refleja su propia trayectoria, el papel de las mujeres en el sector no es nuevo, pero sí empieza, poco a poco, a hacerse visible.
“Cada día es una historia diferente, no da tiempo a aburrirse. Pero para que el sector pesquero sea realmente atractivo, tanto para mujeres como para hombres, es necesario contar con más apoyo por parte de las administraciones”, concluye.


