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“La presencia de mujeres en los órganos de decisión debe institucionalizarse para que deje de ser una excepción y pase a ser la norma”

Durante décadas, las mujeres han sostenido el campo desde la base, trabajando la tierra y garantizando la continuidad de las explotaciones, pero sin ocupar el lugar que les corresponde en la toma de decisiones. Hoy, en un contexto de transformación del sector agrario, su papel empieza a ganar visibilidad, abriendo un nuevo escenario donde igualdad, relevo generacional y sostenibilidad se entrelazan para redefinir el futuro del medio rural.

Entrevista realizada por Julia Álvarez García

En todas las trayectorias hay un momento en el que uno pasa de “estar en el sector” a sentirse parte activa de él. ¿Recuerda cuándo sintió que la agricultura no era solo su entorno, sino también su proyecto?

La inspiración para desarrollar este proyecto nació en mi infancia. Creciendo, mis padres me enseñaron a amar el campo y respetar la naturaleza.

Recuerdo pasar con mis padres y mis 9 hermanos, quienes son para mí el orgullo más grande que han podido dejarme, mucho tiempo trabajando la tierra. Además, todos somos agricultores. Esto se debe, en gran parte, a que todos los días los pasábamos juntos aprendiendo con verdadera fascinación sobre la agricultura, observando cómo nuestros padres trabajaban. Por ello, pronto comencé a gestionar mi finca familiar, dedicándome a la agricultura.

Nuestro producto principal es el tomate, y creo en un sistema sostenible que produce alimentos de calidad, pero a la vez que cuida y respeta el medio ambiente. Este proyecto es más que solo un negocio para mí. Es una forma de vivir en armonía con la naturaleza y de inspirar a otros a valorar el mundo agrícola. Ya que, la agricultura no es solo un proyecto cuando se entiende que cada semilla cultivada no solo alimenta, sino que también siembra futuro, progreso y esperanza.

Cuando alguien le pregunta a qué se dedica y usted responde “soy agricultora”, ¿qué cree que imagina la gente y qué parte de esa imagen cree que todavía no refleja la realidad del sector? ¿Qué parte de la realidad agrícola cree que todavía no se está contando lo suficiente?

Como agricultora, es muy probable que sienta una desconexión entre la percepción desde fuera y la vida diaria dentro del campo. Creo que estamos un poco anclados al pasado, ignorando la tecnología actual. Se imagina un entorno tranquilo y sin estrés, lejos de la ciudad, y a menudo se desconoce el relevo generacional. Hay fincas que cuentan con perfiles jóvenes y formados.

La supervivencia de los pequeños y medianos productores se habla mucho de la sequía o la baja producción, pero no se habla de la falta de relevo generacional, la lucha para subsistir ante los altos costos e insumos. Se suelen centrar en la tecnología futurista o en desastres climáticos, dejando fuera la historia humana y económica que luchan por adaptarse con recursos limitados.

Se percibe que la sociedad imagina un entorno tradicional y relajado, pero la realidad es un negocio altamente tecnificado, intensamente burocrático y en la lucha contra el cambio climático y baja rentabilidad.

CASI tiene casi ocho décadas de historia y usted ha sido la primera mujer en ocupar la vicepresidencia. ¿Qué inercias o formas de pensar cree que están cambiando hoy dentro del cooperativismo agrícola?

La inercia tradicional de que las mujeres trabajan la tierra, pero no la dirigen, está desapareciendo. Se conoce el papel de la mujer no solo como productora, sino en la toma de decisiones.

Tras casi 8 décadas demuestra que se debe al relevo generacional. Las formas de pensar antiguas están cambiando hacia una apuesta por jóvenes bien formados, que demuestran que la inercia de falta de diversidad en la toma de decisiones está siendo más moderna, sustituida por un cooperativismo más plural, equitativo y moderno.

Durante mucho tiempo muchas mujeres han trabajado en las explotaciones, pero no siempre han sido visibles en los órganos de decisión. ¿Cree que el verdadero cambio está ocurriendo ahora o todavía estamos en una fase inicial? Y si estamos en fase inicial ¿Qué debe y está aún por cambiar todavía?

La inercia se ha roto gracias a mujeres visibles. Aunque, para terminar de romper esa barrera, debemos pasar a la fase de institucionalizar ese cambio para convertirlo en la norma y no en la excepción.

Debe cambiar la inercia de que la mujer participe en la base y, para hacerlo, falta pasar del reconocimiento social al poder económico y la toma de decisiones. Partes ya existentes para las agricultoras, pero con escaso protagonismo para nosotras.

Partiendo de la idea que tengas de cómo será la agricultura de Almería dentro de 15 años, en términos de incorporación de más mujeres al sector, ¿qué cree que sorprendería más a los agricultores de generaciones anteriores?

De cara al 2040, la incorporación de mujeres es considerada un factor clave y decisivo para el futuro económico y social del medio rural. Me imagino una agricultura de futuro, será digital, sostenible y con una mayor participación femenina, esencial para el relevo generacional y la visibilidad del sector.

La ONU ha declarado 2026 como Año Internacional de la Agricultura. Desde su experiencia, ¿qué importancia tiene para ti esta acción?

Para reconocer el trabajo esencial de las mujeres rurales, acelerar la igualdad de género, fortalecer sus medios de vida y promover su liderazgo en las cadenas de valor agroalimentarias, desde la producción hasta el comercio.

Durante mucho tiempo la agricultura no siempre se ha percibido como una profesión atractiva para los jóvenes. ¿Cree que esa percepción está cambiando?

Sí, la percepción de la agricultura como profesión está cambiando, aunque persiste un desafío importante de relevo generacional.

Si bien durante mucho tiempo se vio como una labor sacrificada, dura y poco rentable, está pasando de ser considerada una profesión “de última opción”, a ser vista como una carrera estratégica, técnica y con conciencia ambiental.

Aunque el cambio aún es lento y enfrenta barreras económicas y muy significativas.