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“Las mujeres rurales sostienen el territorio, pero no siempre figuran en la foto”

Entrevistamos a María Guijarro Ceballos, secretaria de Estado de Igualdad y para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres del Ministerio de Igualdad, quien reflexiona sobre el papel de las mujeres y el talento femenino en la sociedad actual, así como sobre la importancia del Día Internacional de la Mujer como una fecha clave para comprender y reforzar la lucha por la igualdad en el contexto actual

Por: Bárbara Aguayo Martínez. Periodista agroalimentaria

¿Qué significado tiene el 8M en el contexto actual y cuáles son los principales retos que enfrenta hoy la igualdad en España?

El 8 de marzo abarca distintos significados que lo convierten en una fecha clave para entender la lucha por la igualdad en el contexto actual. El 8M es memoria, es presente y es futuro.

El 8M es memoria. Es la mirada al pasado y el reconocimiento de todas las mujeres que lucharon antes que nosotras. Desde aquellas que perdieron la vida, como las trabajadoras de la fábrica Cotton que reclamaban salarios iguales, hasta todas las mujeres que abrieron el camino hacia la igualdad, su lucha constituye la base de los derechos conquistados hoy.
El 8M es también presente. Aunque el camino recorrido ha sido largo, esta fecha nos recuerda que aún persisten múltiples problemáticas que deben ser abordadas. La brecha salarial, la violencia de género, los suelos pegajosos y los techos de cristal siguen siendo realidades cotidianas. A ello se suma la desigual distribución del tiempo y de los cuidados, así como las violencias digitales, una nueva manifestación de las violencias machistas que resurgen con fuerza en un contexto de avance reaccionario.

Por último, el 8M es futuro. Representa el proyecto feminista y se vive con la alegría de una festividad reivindicativa que impulsa a seguir avanzando hacia una igualdad real y efectiva. Es un horizonte que nos recuerda que no podemos detenernos hasta que esa igualdad sea plenamente alcanzada.

El sector agroalimentario es estratégico para la economía española. ¿Cuál es su diagnóstico sobre la situación de las mujeres en este ámbito?

Efectivamente, el sector agroalimentario es clave en la economía. Es un sector que crece año tras año según los indicadores oficiales y que, en términos generales, puede resumirse en las siguientes cifras: representa más del 8,5 % del PIB, genera más de 2,5 millones de empleos, lo que equivale al 11,5 % del total de la economía española, y es además uno de nuestros motores en las exportaciones, representando aproximadamente el 19,5 % de las mismas. Son datos extraordinarios para el sector. Sabemos, según los estudios de economía de género, que en general, a mayor igualdad entre mujeres y hombres, se obtienen mejores resultados económicos y sociales. Por lo tanto, mejorar en igualdad es ser más competitivos.

¿Cuáles son las principales brechas que siguen existiendo en el entorno rural y agroalimentario (acceso a la titularidad, liderazgo, conciliación, digitalización…)?

Encontramos los problemas característicos que el pensamiento feminista ha conceptualizado y que nos ayudan a orientarnos a la hora de abordar la brecha: suelos pegajosos, techos de cristal y brechas tecnológicas, así como el acceso a sistemas generales de cuidados que inciden directamente en el empleo. Pero debemos tener claro que la brecha no es solo salarial: es de poder, de oportunidades y de reconocimiento.

Algunas de las manifestaciones de la brecha en el mundo agroalimentario son la presencia minoritaria —aunque creciente— de mujeres en los puestos de dirección. Por ejemplo, el último informe publicado por el INE hace un año señala que en 2023 tan solo el 28,9 % de las jefaturas de explotación correspondían a mujeres.

La titularidad compartida de las explotaciones agrarias sigue siendo muy baja. Las mujeres representan el 28 % de la base social de las cooperativas, aunque este porcentaje desciende al 10 % si tenemos en cuenta su participación en los Consejos Rectores, máximo órgano de gestión y gobernanza de este tipo de empresas.

En cuanto a la digitalización, la brecha digital se traduce en un menor acceso a formación, asesoramiento, comercialización online y adopción tecnológica y, por tanto, en una menor competitividad. Esta brecha afecta especialmente a las mujeres y constituye uno de los grandes desafíos que se están abordando con planes como el programa Desafío Mujer Rural, impulsado por el Instituto de las Mujeres, enmarcado en el Plan Estratégico para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres 2022-2025. Además, sabemos que los servicios sociales están profundamente ligados a la conciliación y que son clave. Este es uno de los grandes retos del Estado del bienestar, tanto para asentar población en el mundo rural como para reducir la brecha de género.

¿Qué medidas se están impulsando para fomentar el emprendimiento femenino en el medio rural?

Como todas sabemos, no basta con reconocer el talento femenino: es necesario impulsarlo mediante políticas concretas. Sin embargo, estas políticas, que son herramientas para alcanzar el objetivo de la igualdad, deben incorporar un enfoque de género. Para ello, tenemos que ponernos las gafas violetas y hablar de políticas públicas específicas que apuesten por la acción positiva como vía para equilibrar un sistema desigual.

Me gustaría traer a colación el Plan Corresponsables, impulsado desde la Secretaría de Estado de Igualdad, que tiene como objetivo promover proyectos que apuesten por un cambio cultural y estructural en los cuidados, para que los hombres se incorporen a ellos y liberar tiempo a las mujeres. Lo hacemos a través de proyectos locales y regionales, en cercanía con la ciudadanía, porque somos conscientes de que los cambios reales son los que se producen en el día a día.

Pero también los específicos como el programa que hemos citado anteriormente del Instituto de las Mujeres, el Programa Desafío Mujer Rural, que además está cofinanciado por el Fondo Social Europeo. Este programa ofrece formación, asesoramiento y acompañamiento para crear o consolidar negocios, incorporando el marketing digital y la reducción de las desigualdades de género. Su objetivo es promover el emprendimiento y la consolidación de empresas lideradas por mujeres que viven en el medio rural.

En esa misma perspectiva, y ante la necesidad de incorporar acciones positivas dentro de las políticas públicas, cabe destacar el papel de la política agraria y rural en España, a través del PEPAC/FEADER, que, según nos consta, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación lleva tiempo integrando. Las políticas públicas de igualdad deben ser transversales a todas las políticas del Gobierno.

¿Considera que la igualdad en el sector agroalimentario es también una cuestión de sostenibilidad económica y territorial? ¿Por qué?

Por supuesto, en ocasiones los discursos más populistas y reaccionarios, cuando abordan los problemas del campo, olvidan algunas claves fundamentales. Suelen contraponer lo rural a lo urbano, o a los trabajadores frente a las élites, especialmente las europeas, pero nunca se acuerdan de las mujeres. Una de las claves más importantes para la sostenibilidad futura del mundo rural es, precisamente, la igualdad entre mujeres y hombres.

Me gustaría hablar de sostenibilidad en tres sentidos.
En primer lugar, la sostenibilidad económica: si el talento femenino no accede a la propiedad, a la financiación, a la formación o a las redes, el sistema pierde productividad, innovación y valor añadido. Habrá menos empresas, menos diversificación y menos competitividad.

En segundo lugar, la sostenibilidad territorial. Las mujeres favorecen la cohesión del territorio porque la igualdad real mejora el relevo generacional, el empleo estable y la capacidad emprendedora, factores clave frente a la despoblación y el envejecimiento del campo. Y, por último, la sostenibilidad del sistema alimentario. De hecho, el enfoque de la FAO para 2026 subraya que cerrar las brechas de género es una parte esencial para fortalecer los sistemas agroalimentarios y garantizar una mayor autonomía estratégica.

Solo a través de la innovación y la creatividad, donde las mujeres son clave, conseguiremos un sistema agroalimentario sostenible en el futuro.

Las mujeres rurales desempeñan un papel clave en la fijación de población y el desarrollo del territorio. ¿Cree que su contribución está suficientemente reconocida?
Esta es una de las cuestiones fundamentales que nos interpelan como feministas: la paradoja de que, siendo la base del sistema, en este caso de la fijación de la población, pero también del sistema de cuidados o de cualquier otro que podamos imaginar, terminamos siendo invisibilizadas.
Por tanto, si tuviera que aportar un titular a esta pregunta, diría:

Las mujeres rurales sostienen el territorio, pero no siempre figuran en la foto.

En esa misma línea, el reconocimiento formal sigue siendo insuficiente. Medidas como la titularidad compartida, creada precisamente para visibilizar y profesionalizar el trabajo de las mujeres, continúan teniendo una implantación baja y enfrentan importantes barreras burocráticas, tal y como señalan distintos análisis sectoriales. Como ustedes mismos recogen en sus publicaciones, más de diez años después, solo el 0,6 % de las mujeres del sector agroalimentario ha logrado acceder a la titularidad compartida.

¿Qué importancia tiene visibilizar referentes femeninos en el ámbito agrario y agroindustrial?

Como ya señalé en mi intervención en los premios MujerAGRO, es fundamental visibilizar los referentes femeninos, porque supone un reconocimiento al papel esencial que tenemos las mujeres en el sostenimiento del mundo, incluida toda la cadena agroalimentaria, desde la tierra hasta el plato.

Las mujeres rurales deben gozar de los mismos derechos que las mujeres urbanas. No podemos permitir dobles discriminaciones y, además, ellas son en muchísimas ocasiones un ejemplo para todas nosotras.

Están emprendiendo en sectores tradicionalmente masculinizados, abriendo negocios, innovando y diversificando la economía del mundo rural más allá de las actividades estrictamente agrarias.
También están demostrando que el emprendimiento femenino es un motor de transformación y de futuro. Las mujeres del campo no temen a la ingeniería agronómica ni a la tecnología.

¿Qué mensaje le gustaría trasladar a las mujeres del sector agroalimentario en este 8M?

Que en esa mirada al pasado reconozcamos a nuestras madres, abuelas y a todas las mujeres que han contribuido a nuestras sociedades democráticas. Sin su sudor y su esfuerzo no estaríamos aquí.

Que miremos también al presente, sabiendo que afrontamos grandes retos y que el mundo rural es clave para el mantenimiento de nuestra forma de vida. Y que nuestro futuro solo tiene sentido con la igualdad efectiva entre mujeres y hombres.